martes, 15 de septiembre de 2020

No nos queda nada pero este lugar.

    Rompi, patee y lloré por encima de las verdades de nuestro final. Pasaron los días y fueron los peores matices que sintonicé en esta vida. Porque te aborrecía en el recuerdo pero también me debilitaba entender que no habla más esperanza. En realidad, nunca la hubo porque cuando comenzas a rezarle a Dios para que alguien deje de dañarte, ya está todo dicho.
     Más que patear, lloré y más que romper, patee. No quise ninguna de las cicatrices que me oscurecen la piel pero las acepté. Así como acepté que nunca más me ibas a dañar. Y en paralelo a eso, que jamás vas a cambiar.
     Nunca entendiste mi dolor. Todavía sangro. Aunque lejos, finalmente, lejos. 

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