sábado, 15 de junio de 2019

Una vez tuve miedo.

El origen del origen nunca me quedó claro si proviene de lo que nosotros mismos creamos, o en algún espacio ya es y nosotros tomamos una partícula del mismo para adueñarnos, para creer que sabemos algo cuando en realidad estamos más perdidos que antes de empezar.
Una vez tuve miedo, le contaba a mi compañera de silencios mientras tomábamos un té. Tuve miedo de escribir porque es la manera de darle vida a todo y yo no sé si estaba lista para que muera. Evidentemente nunca se está preparado para afrontar el adiós, aunque ocasionalmente terminamos secuenciandolo y está bien. La noche que decidís cerrar la puerta con llave y tragarte la misma, no hay escape ni salida. Las ventanas se achican, las paredes aprietan el cuerpo por varias horas hasta que te dormís. A la madrugada la sed puede sacudirte un rato, la sed y la desesperación: "¿Qué hiciste?", "¿Realmente querías matarlo?"... sí. No hay certeza en cuanto al horario de despertar, puede ser muy temprano o tan tarde que tus amigos se empiezan a preocupar. El sol está ahí y no va a desaparecer, te da un rayo en la pupila y volves a creer en el día, después en la noche y el miedo parece alejarse con sutileza.

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